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Hoy siempre será mañana

Hace algún tiempo (qué ironía) escribí un cuento que titulé, y valga la redundancia, ‘El juicio al Tiempo’. El mismo hace parte de una antología denominada ‘Historias sin tiempo’, en donde el prologuista hace alusión a una afirmación de Proust y en donde manifiesta que el amor es el espacio y el tiempo medido por […]

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Hace algún tiempo (qué ironía) escribí un cuento que titulé, y valga la redundancia, ‘El juicio al Tiempo’. El mismo hace parte de una antología denominada ‘Historias sin tiempo’, en donde el prologuista hace alusión a una afirmación de Proust y en donde manifiesta que el amor es el espacio y el tiempo medido por el corazón. Bella máxima, sin duda alguna.

Mi cuento inicia expresando la incertidumbre en donde no sé si es de día o es de noche, en donde digo que en mis ojos no hay luz, pero tampoco oscuridad y que a pesar de la multitud, solo escucho el silencio.

El Tiempo, queridos lectores, para mí no existe, solo es una invención del hombre, creando un enemigo de la vida y su existencia; el que nos ha impuesto como medida para todo, o como dador de vida al igual que de la muerte; el que nos pretende indicar cuánto dura un amor o un desamor, una amistad o una enemistad, una alegría o un dolor o simplemente un palpitar.

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