Abelardo de la Espriella asumió la Presidencia con dos definiciones claras: gobernará para todos los colombianos, incluidos quienes no votaron por él, y no promoverá una constituyente para alterar las reglas de la República. Estas afirmaciones fijan una expectativa de unidad nacional que se construye con estabilidad institucional, decisiones verificables y resultados que cierren brechas.
La posesión estuvo cargada de simbolismo. El nuevo mandatario habló desde el Cantón Militar Pichincha, en Cali, rompiendo la tradición de juramentarse en Bogotá y dándole un lugar de importancia a la Fuerza Pública en su proyecto de gobierno. En ese sentido, el énfasis del discurso discurrió en sus ejes semejantes: autoridad, seguridad, lucha contra el crimen organizado y recuperación del orden como condición para ejercer la libertad.
El diagnóstico parte del propósito que promueve la seguridad como sinónimo de inversión, para encaminar la generación de empleo formal y los recursos para financiar la política social. No obstante, es menester comprender que la inseguridad es multicausal. El Gobierno recibe una economía que creció 2,6 % en 2025 y para la presente anualidad el Banco de la República proyecta una expansión de 2,5 %. Por otro lado, el desempleo nacional bajó al 8 % en junio, la inflación anual llegó al 6,14 %, más del doble de la meta del 3 %. A esto se suma una pobreza monetaria que todavía afecta al 24,6 % de la población.





