Por Dario Arregocés
Este columnista rinde hoy un sentido homenaje al maestro Roberto Cadavid (Argos), quien por muchos años, nos enseñó a través de sus escritos publicados en El Espectador, la forma correcta de expresarse, para no incurrir en gazapos y no cometer errores, al escribir o al hablar.
Es por ello que en defensa del buen trato al idioma y emulando al maestro Cadavid, me permito corregir algunos gazapos que por distracción cometemos, con frecuencia. Me refiero concretamente a la palabra: Champaña, Champan o Champagne: sustantivo que alude al vino blanco o rosado, espumoso, que usamos en ocasiones muy especiales. Pues bien, al referirnos a este vino de origen francés, no debemos hacerlo precedido del artículo femenino “La”, pues lo correcto es decir: El champan, el champagne o si lo prefiere, el champaña.




