COLUMNA

Gavillas y mafias electorales

La crisis de ideas en Colombia es superlativa, ya pocos son capaces de pensar, una especie de modorra e inercia racional invade a la dirigencia nacional, estatus que se tomaron sin que nadie se los hubiera otorgado.

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La crisis de ideas en Colombia es superlativa, ya pocos son capaces de pensar, una especie de modorra e inercia racional invade a la dirigencia nacional, estatus que se tomaron sin que nadie se los hubiera otorgado.

Aunque este fenómeno, más común en el tercer mundo, es posible que siempre haya sido así, solo que hasta ahora lo descubrimos, ya por evidencias del fracaso de un modelo político-económico, ya por el mayor acceso a la información, ya por el antiguo número de problemas por resolver, ya por llegar al límite de la tolerancia y la pobreza de grandes multitudes. 

Parece que a los viejos dirigentes se les hubiera perdido el recetario, basado en la mentira y promesas rutinarias. Por eso ahora, los hipotéticos aspirantes a dirigir los destinos del país tienen que asociarse en clanes o gavillas para unir fuerzas de todo orden, una especie de “cosa nostra” para enfrentar a los que tengan capacidad para exponer propuestas; solos no pueden, les infunde terror. 

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