Por Jarol Ferreira Acosta
1. El olor a mortecina que baja del techo tiene a todo el mundo con dolor de cabeza y mal genio. Inicialmente piensas en una rata pero el hedor es tan intenso que supones es uno de tus gatos; con ese presentimiento te vas a llevar a tu mamá a otra de sus citas médicas, dejando a tu papá al cuidado de una enfermera.
Al regresar del fiasco a tu casa ni siquiera pitas para que Lina (la sirvienta) te abra el garaje, para agilizar, porque a veces Lina es un poco lenta, se hace la lenta. Al entrar el olor es insoportable. Entonces sacas tu cicla y llegas a la casa del Negro, un señor que desde siempre ha ayudado con los menesteres domésticos.




