La ciudad cordial de Magangué festejaba, en décadas anteriores, su tradicional carnaval, durante las fiestas del once de noviembre, según la vieja costumbre en el departamento de Bolívar.
A la residencia de la señora María Moreno, quien brindaba un modesto hospedaje a visitantes de la región, llegó hacia mediados de los años cincuenta un adolecente que, con un destartalado acordeoncito de dos hileras, asombraba a todos por su destreza al ejecutarlo, se llamaba Alfredo Gutiérrez y fácilmente entabló una gran camaradería con José Francisco Cervantes, el hijo de Doña Mary.
Años más tarde, cuando ya Alfredo lideraba los corraleros de Majagual, le tocó alternar en el teatro de Sincelejo para el veinte de enero con Los Caribeños, un grupo de música tropical. El director era “Chico”, el hijo de Doña Mary, cuya energía en la animación musical y las diabluras que hacía con el cencerro (clave) lo estaban necesitando Los corraleros. Alfredo lo invitó a Cartagena, lo presentó ante Toño Fuentes, el propietario de la disquera con el mismo nombre y éste, impresionado por el malabarismo musical del magangueleño, lo vinculó de inmediato a la Fania Corralera.




