Desde niño he vivido los días de elecciones intensamente. Esos domingos siempre me he levantado temprano, he encendido la radio a las 8:00 a.m. para escuchar las notas de nuestro himno y estoy pendiente del acontecer nacional durante el día. Generalmente salgo a caminar por la ciudad en la que me encuentro, recordando mis épocas de actividad electoral dura, en las que tenía trabajo y funciones determinadas, todo ad honorem, por amor al país y honrando mis convicciones.
Voy a votar. A eso de las 3:45 p.m. enciendo la televisión y me preparo para el análisis que viene luego de cerrarse, de nuevo con el himno nacional, las votaciones.
En mi vida han sido muchas las oportunidades en las que he podido trabajar en una campaña. Desde los 10 años, para las elecciones presidenciales del 86 que finalmente ganó Virgilio Barco, me declaré alvarista y acompañé al Dr. Gómez fielmente hasta después de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. No soporté verlo de amigo de Antonio Navarro, quien como Petro, fue miembro del M-19 que secuestró a Gómez. Ahí me aparté. Hoy lo admiro por eso.




