COLUMNA

Fenómeno del carbón o fenómeno del Niño

Ahora el fenómeno del niño nos convida a ver los ríos más secos que nunca, da grima ver como los que en otrora eran ríos impetuosos, hoy son hilos famélicos que dan ganas de llorar. Esto nos recuerda la profecía vallenata que fatalmente se ha cumplido, en las que el verdor de una tierra grata […]

canal de WhatsApp

Ahora el fenómeno del niño nos convida a ver los ríos más secos que nunca, da grima ver como los que en otrora eran ríos impetuosos, hoy son hilos famélicos que dan ganas de llorar. Esto nos recuerda la profecía vallenata que fatalmente se ha cumplido, en las que el verdor de una tierra grata y productiva, hoy se ve alcanzada por un desierto cruel que nos obliga a tomar sorbos de carbón molido. Ya no hay algodón, hay carbón. Ya no hay hatos de ganado, hay carbón. Ya no hay extensiones de tierras cultivadas con arroz, millo, sorgo. Hay carbón.

Hay socavones inmensos, resultado de las explotaciones del “preciado mineral”, que nos ponen a pensar que los vaticinios y predicciones son una realidad. Nuestros ríos más secos que nunca, hoy víctimas de un fenómeno que nos ha cambiado hasta la forma de vida, la económica y social.

Salud Hernández escribía en un artículo en el Espectador un siete de marzo del año 2010. El tiempo pasa, cada día nos acerca más a esa cruda realidad. Algo que resalto con profunda preocupación: “La minería ha sido una falsa ilusión, una tragedia; pobreza, huellas ecológicas terribles. Y recuerdan que en veinte años el 65 por ciento de las cabeceras municipales del país sufrirán en verano escasez de agua y otros lo padecerán siempre. El Cesar será uno de los sedientos”. No fue necesario que pasaran veinte años. Seis años le han dado la razón al estudio del que hablaba esta periodista en su artículo. Grave situación. Porque ahora hay una razón y tenemos a quien echarle la culpa. Pero antes del fenómeno del niño encontramos que se desviaron ríos, el cauce del rio Sororia en La Jagua de Ibirico es hoy una carretera, el río san Antonio, el calenturitas que fueron ríos de pesca en abundancia son hoy esqueletos llenos de piedra. Y esto no es novedoso, ni tampoco estoy descubriendo el agua tibia. Solo quiero registrar que los desiertos, hoy son una realidad en el departamento del Cesar.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR