El gran deseo de los cesarenses es que en cada uno de los candidatos elegidos, el júbilo de la victoria se convierta en puente luminoso de sensatez, de inteligencia y honestidad para trabajar con el compromiso sincero de hacer realidad los programas y los juramentos de campañas. El pueblo espera que ninguno de los elegidos (gobernadora, alcaldes, diputados, concejales y ediles) ponga en práctica la falsa filosofía de un sombrío personaje político: “La corrupción es inherente al ser humano”.
Un principio básico en gobernantes exitosos es que sus acciones de gobierno emerjan del criterio democrático e incluyente, y estén por encimas de sectarismos grupales. Ellos comprenden que su triunfo se debe a un partido o coalición y a los numerosos ciudadanos votantes; y en consecuencia, desde el momento de ejercer el mandato, lo deben hacer en beneficio de toda la comunidad.
De la gobernadora del Cesar, Elvia Milena Sanjuán, del alcalde de Valledupar, Ernesto Orozco, y de los demás alcaldes del departamento, esperamos una administración con razonamiento gerencial que transite por las rutas fundamentales de trasparencia, convivencia, seguridad, transporte, trabajo, producción, salud, educación, cultura, deporte y recreación.




