Trabajar en la jardinería es una labor que tiene que ver con los encantos y secretos de la naturaleza, con la tenacidad para quienes ejercen esta profesión digna de una persona metódica, de un titán que tiene un concepto armonioso de lo que se puede poner a la vista del transeúnte, lo que irradia la belleza natural.
‘Lucho’ me enseñó que un jardinero debe tener por antonomasia ‘buenas manos’. Él sembró con sus manos, humildad y sabiduría de la vida, en las plantas.
‘Lucho’ decía que un jardinero debía tener la capacidad de hacer primar la belleza del lugar como un estándar que se percibe desde lejos y de cerca. Su teoría era que a veces no importaba el tamaño del espacio sino la creatividad.




