Por: Valerio Mejía Araújo
La promesa de este pacto, siempre ha estado relacionada con la necesidad de valor que tiene el ser humano para enfrentar lo imposible. No hay dudas de que la presencia de Dios es lo que nos da consuelo y paz. Siempre fue prometida a sus hijos para darles seguridad al enfrentar las circunstancias cuando estas nos fueran desfavorables.
La presencia de Dios debe hacerse real en cada momento y situación de nuestras vidas. Esto no significa que podamos manipular y utilizar su presencia para nuestros propios fines religiosos, sino que su presencia se mueve sobre nosotros y nos convierte así en colaboradores de Cristo. Entonces, lo invitamos a invadir las circunstancias que tenemos por delante.




