Cada decisión que toma el nuevo gobierno en cuanto a la seguridad de Colombia termina siendo un salto al vacío. Son varios los desatinos que generan una mayor incertidumbre y angustia en la población.
Temas como el desmonte del Escuadrón Móvil Antidisturbios -ESMAD-, la legalización de las drogas, el retirar a la Policía Nacional del Ministerio de Defensa para dejarla adscrita al del Interior, la reciente propuesta del ministro de Justicia relacionada con el hurto de celulares y la solución a dicha problemática, entre muchos otros, definitivamente revive el concepto de república bananera. Lo que siente uno como colombiano es vergüenza.
La protección de los derechos de los ciudadanos pasa a un segundo plano, dejando en claro que cuando se delinque por necesidad, es como si el delito no se consumara. Nos invita el señor Petro a normalizar conductas contrarias a la ley de manera evidente y descarada. Y ni qué decir de su reciente afirmación acerca de modificar el tratado de extradición con los Estados Unidos para que aquel narcotraficante que coopere con la justicia colombiana no sea extraditado. Ahora resulta que aquellas grabaciones en las que los mafiosos del clan del golfo invitaban a familiares, amigos y subalternos a votar por Petro, dan muestra de su veracidad, de que realmente existieron y el objetivo era uno: buscar favorecerse con la impunidad con que el nuevo gobierno pretende cobijar a los delincuentes. ¡Qué horror!




