Por Ricardo Gutiérrez
Para Poncho y Emiliano ni la ausencia ni el tiempo son motivo de olvido porque viven el uno para el otro. "Yo soy mayor, dice Emiliano, pero él es quien me manda y pa’ no peliá lo acepto. Desde niño, recuerdo que mi mamá nos mandaba a recoger agua al río para llevar a la casa, Poncho no iba, me mandaba y le obedecía. Que vaina, así soy yo, y así es mi hermano a quien tanto quiero, sin él no puedo vivir". Esta expresión sincera demuestra la unión fraternal entre ellos y los sentimientos de afecto y cariño que se manifiestan constantemente aunque estén distanciados "por cuestión de plata", como dice Mile.
Ellos son dos personas completamente diferentes pero con corazón grande, propio de su sensibilidad y bondad incalculable, por eso fueron capaces de crear un universo musical hoy reconocido en nuestro acervo folclórico. Tal vez no se habrían recuperado tantas obras musicales valiosas si no se hubieran unido para conformar su famoso conjunto" Los Hermanos Zuleta".
Emiliano, un hombre sencillo, sentimental, melancólico, poeta, de pocos amigos, considerado como uno de los mejores acordeoneros y uno de los grandes compositores vallenatos. Poncho, un cantante que llena de alegría a amigos y a extraños donde se encuentra, es el verdadero parrandero, su alegría contagiosa es inigualable y como él mismo lo dice, en esos momentos de jarana "hasta el sobregiro aguanta". Estar con Poncho es vivir un rato sin igual, donde un verso improvisado levanta el ánimo y motiva a compartir. Allí, sin distingo alguno, se atiende a los que están y a los que llegan con manifestaciones desmesuradas de cariño del anfitrión que ameniza ese rato idílico.




