Por Silvia Betancourt
Sabemos que no hay título universitario que nos otorgue licencia para crear, y que no nacimos para médicos, economistas ni abogados; llegamos para observar el mundo y narrarlo para los que sí obtienen títulos en cualquier área del saber, para legarles momentos de reflexión.
Justicia para el alma especial que irrumpe en la vida de cualquier humano en el momento que más lo necesita (hay libros que llegan a nuestras manos en el preciso instante que requerimos luz), no se deben abolir del patrimonio cultural de la humanidad los pensamientos y conclusiones de un espíritu sincero y desinteresado, que saca fuerzas de un mísero yantar, y se sienta así sea en un andén, para escribir en cualquier trozo de papel sobre los seres, el tiempo y los objetos.




