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Escalona, memoria del vallenato

El Hambre del Liceo es la añoranza del hogar materno y de las delicias de los alimentos caseros; es, además, la protesta del llanto silencioso en la mesa del internado escolar del Liceo Celedón.

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Rafael Escalona Martínez (1926 – 2009), supremo compositor y embajador de la música vallenata. En calidad de cronista anduvo por diversos lugares de la provincia, bebiendo de los ríos musicales, conquistando amistades; y para el amor, todo el tiempo era primavera. Para justificar su galantería de conquistador empedernido, se escudaba en esta frase: “Si no hay amor, no hay canto”.

Como compositor, su competencia no era por la cantidad, porque sabía esperar a que la inspiración llegara, entonces empezaba a silbar y luego a hilvanar los versos. Su inspiración juvenil estuvo ligada a la nostalgia, río del alma donde navegan la melancolía y la esperanza. La primera canción, El profe Castañeda, la compuso en febrero de 1943, cuando era estudiante del Loperena, en la despedida del profesor Castañeda.

El Hambre del Liceo es la añoranza del hogar materno y de las delicias de los alimentos caseros; es, además, la protesta del llanto silencioso en la mesa del internado escolar del Liceo Celedón. En El Testamento, el amor conquista la mocedad de los sueños. La nostalgia es una liturgia de la amistad. El pobre Migue es una invitación al regreso del amigo que se ha refugiado en la montaña.

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