Por José Gregorio Guerrero
Una medianoche de la década del setenta, sentimos en el techo un espeluznante estropicio, como si hubiese caído sobre la casa otra casa tirada de mala gana para hacer una de dos pisos a las malas; eso fue lo que me imaginé; entonces me dijo “Aba” entre dientes: “es una bruja que viene cansada de volar y está descansando” yo la miré con ojos saltones, ella me arropó hasta el cuello con una sabana de figuritas multicolor que me gustaba “ojalá no se vaya a coger los mangos maduros” y con aquella naturalidad adornó el episodio “cayó mal la pobrecita” cuando quise reaccionar me lo impidió “le voy a decir a “Toño” Villero que venga a coger esa gotera”.
Para mí en ese instante el mundo entero dormía, años después supe que mientras acá dormíamos, los chinos estaban despiertos, a eso le llegué a atribuir sus estrechos ojos “deben de parar con sueño” pensaba.




