El tema de hoy puede resultar anecdótico, pero a la vez el reflejo de una cultura que se ha ido arraigando en nuestro medio como lo es la irresponsabilidad, la indelicadeza, la impuntualidad, la mediocridad y la manera folclórica como acciones que deberían ser reprochadas y castigadas con la sanción social, simplemente las estamos aceptando como válidas haciendo que sean la regla general de un comportamiento que no es aceptado en ningún otro lugar del país o del mundo.
Establecer una cita con alguien y que llegue a tiempo es motivo de extrañeza, cuando la regla nos exige que a las citas se llega con quince minutos de anticipación y que si vas a llegar tarde o no vas a llegar debes comunicarte con tu contacto para no solo disculparte sino remediar lo que para otras culturas significa una ofensa, dejar plantado a alguien que sacó su tiempo, acomodó su agenda y tú en un acto de irresponsabilidad y de falta de decoro y de sutileza no se te dio la gana de llegar porque como no manejas correctamente tu tiempo y vas por el mundo actuando de esa manera lo ves como algo natural, llegas tarde o nunca llegas, pero para colmo lo celebras diciendo “es que yo soy así” ¿Tu eres así, o simplemente te acostumbraste a serlo?
Pero el colmo no es que el citado no aparezca, sino que además que no se excusa, no llama, no replantea la reunión al poco tiempo te lo encuentras y como si nada te saluda y si por si acaso le comentas algo, te da la excusa más inaudita e inverosímil que se le ocurra, pero en medio de su mediocridad asume que su actuación es correcta y que no tiene nada que resarcir, en este punto sin retorno estamos en nuestra cultura de la grosería y lo grotesco de las relaciones humanas y muchos descaradamente se preguntan por qué no tienen éxito en la vida.




