Por Silvia Betancourt Alliegro
Me propongo introducir parte del pensamiento transportado desde la sencillez del Tao, quizás porque mi alma ciudadana ha encontrado algo de descanso en él. Y además, me ha brindado claridad sosegada con respecto al espacio temporal en que habito. Hay que empezar por lo que decreta nuestras venturas y desgracias: la política:
“Gobernar un gran Estado, es como freír pececillos: con suavidad.




