Los seres humanos aún no somos conscientes de la enorme capacidad que tenemos, la creación hizo de esta estructura llena de huesos, órganos, fluidos, nervios, músculos y agua un sistema perfecto que sigue siendo inexpugnable para la ciencia, y por más que la I.A (Inteligencia artificial) avance exponencialmente, jamás podrá llegar a superar la imaginación, el sexto sentido, las emociones y por supuesto los sentimientos.
Pero más allá de lo puramente intangible frente a lo que nos diferencia de las máquinas, nuestro cerebro sigue y seguirá siendo el taller donde se crea y se plasma todo lo que nos rodea, incluido por supuesto la inteligencia artificial puesto que irónicamente fuimos nosotros los que la creamos y no ella a nosotros, y eso hay que dejarlo claro.
Napoleón Hill, en su fantástico libro ‘Piense y hágase rico’, dedica un fascinante capítulo a la imaginación y desarrolla una teoría sobre cómo las cosas suceden dos veces, primero en el taller creativo de nuestro cerebro y luego en el plano físico (Hill, 1937). Pero un sinnúmero de evidencias logran además demostrar que la forma como eso sucede es un completo misterio aún en nuestros días donde la ciencia, la tecnología y la investigación avanzan a pasos agigantados.




