Por Gustavo Cotes Medina
El profesor emérito Albert Berry de la Universidad de Toronto confirma lo que ya sabemos: En Colombia, la pequeña agricultura, en su papel histórico de generador de empleo, necesita un cambio y un fuerte timonazo. Es necesario el apoyo estatal adecuado para incentivar los grupos familiares con el fin de alcanzar una alta productividad de la tierra por el uso intensivo de la mano de obra, por la necesidad implícita de ganarse la vida y porque disminuye la inseguridad económica y alimentaria de los pequeños agricultores.
Está claro que el dinamismo y el avance de la productividad agrícola depende en gran parte de las investigaciones, la difusión tecnológica y la inversión del sector público. Nuestra larga, inútil y triste historia de conflictos y de injusticias en el campo, han dejado un gran número de familias desplazadas en humillantes condiciones de pobreza y con un rosario de angustias, que han sido impulsadas, en contra de su voluntad, a las grandes ciudades donde no consiguen un lugar para sus naturales habilidades.




