Tradicionalmente Colombia ha manejado el sector eléctrico dando ventajas formidables a la energía hidráulica, porque tenemos grandes caídas de agua. Esto nos ha llevado a olvidar la importancia de una canasta energética balanceada con precios justos. El Caribe debe pagar un kilovatio hora mucho más costoso con el pretexto de mantener el sistema eléctrico. Es injusto.
El costo de energía es el resultado de 6 variables: generación, transmisión, restricciones, pérdidas. Cada una recibe el peso que conviene. El resultado es una tarifa agobiante para la Región Caribe, con aumentos inaceptables que atentan contra nuestra competitividad.
El aumento de este año ha llegado a un 41%, a pesar de tener los embalses en 80% que dan energía barata solo al interior del país. Se supone que las tarifas se ajustan con el IPP, índice de precios al productor, pero no funciona así.




