La democracia es el mejor sistema de gobierno del mundo, así tenga sus patologías y fachadas de presentación, más, no todo lo que brilla es oro; es como ponerle un llamativo título a un libro pero sus páginas son escatológicas. Algunos, para relievarla la comparan con el comunismo, un modelo inviable e inexistente y por lo tanto no sujeto de comparación; otros creen que es la encarnación de la libertad versus la dictadura, presente en muchas aparentes democracias.
No solo los regímenes absolutos, de fuerza, en los cuales no se vota, son dictaduras; este es un concepto mucho más amplio, no es retórico. En cualquier país donde las clases dominantes coopten todos los poderes, la fe, la confianza y la esperanza, no se puede hablar de democracia así se tenga un sistema electoral.
Esta concepción es una versión apocalíptica, el bien contra el mal. Cualquier persona normal, sin comportamientos psicosomáticos, decide estar del lado del bien sin necesidad de que alguien se lo indique. Son comparaciones odiosas, como todas estas, que no pasan de ser sofismas distractores. La democracia es tan amplia que dentro de ella se puede filosofar, abusar, discriminar y negar derechos. La democracia va más allá del poder votar; las elecciones son un escenario abierto para el circo, el populismo, la mentira, el derroche, el ego y la apertura de alianzas espurias en la oscuridad.




