Por Imelda Daza Cotes
El reciente resultado electoral en Alemania favoreció significativamente a la UDC (Unión Demócrata Cristiana) y a la canciller Ángela Merkel, reelegida para un tercer mandato. Sin embargo, la UDC no logró la mayoría requerida para armar gobierno. Su gran aliado, el Partido Liberal Demócrata, no alcanzó el mínimo requerido (5%), salió del Parlamento. Merkel está obligada a pensar en otras alianzas.
Como opciones factibles están la Socialdemocracia y los Verdes, pero en estos partidos hay resistencia interna a apoyar el proyecto neoliberal liderado por Merkel. Los militantes de base juzgan estas alianzas como traición, porque en la campaña sus consignas se diferenciaron notablemente.
Se ha planteado también una “gran coalición” mediante una consulta general a todos los partidos. En cualquier caso, Merkel tendría que desviarse de su fundamentalismo neoliberal y eso no parece posible porque en Alemania la política está subordinada a los intereses de los grandes empresarios y financieros que son los que desde hace rato, vienen decidiendo el rumbo del país, aún bajo gobiernos socialdemócratas. Por eso no es de esperar grandes cambios a favor de las mayorías, afectadas por la crisis; tampoco se plantean reformulaciones frente a Europa.




