Por Julio Oñate Martínez
Premonitoriamente así lo sentenció el grandioso Leandro Díaz en su merengue titulado “El Bozal”, argumentando que “los músicos de hoy, no quieren grabar merengue, dicen que eso no se vende, para mí eso es un error”. Claro que es un tremendo error de los intérpretes de ahora, porque los de ayer sí lo grababan y en forma copiosa; normalmente en un L.P de Luis Enrique Martínez o Alejandro Durán se incluían por lo menos cuatro merengues ejecutados magistralmente. Pero a partir de los años noventa cuando hizo erupción el volcán de la canción,triste y plañidera, el paseo fue privilegiado y como dice Leandro: “echando a un lado el ritmo alegre del Valle”, formándose entonces un círculo vicioso entre la gente del disco, con el cuento que eso no era comercial y los cantantes haciendo el juego, supuestamente porque el merengue no vendía, lo cual desestimuló a los compositores que ya se proyectaban en el panorama, para componer en ese ritmo festivo, parrandero y bailable.
Si es cierto el merengue no vende, cómo se explica que algunos de factura reciente no hayan dejado de sonar como son “Parranda en el Cafetal” (Jorgito Celedón), “La Bola e’ Candela”(Nando Marín), “Gallo Bueno” (Adolfo Pacheco), “Nativo del Valle” (Beto Murgas), “El Pechiche” (Camilo Namén), “Lo Mejor de mi Vida” (Felipe Peláez), solo por citar algunos. Sencillamente los jóvenes compositores se aterran ante el merengue y no han querido descifrar su composición.




