El 14 de mayo de 2022 se cumplió un año de haber sido dado de alta luego de sobrevivir al COVID-19, por supuesto la principal recomendación era la de hacerme un estricto seguimiento post covid dadas las posibles secuelas que sobrevienen después de estar expuesto a una enfermedad mortal donde se ven comprometidos todos los órganos vitales y todo el organismo en su conjunto; la realidad es que hoy después de más de un año la EPS no me ha dado una sola cita por uno de los mil motivos que manejan para no darlas: “no tenemos agenda”.
Mi caso es uno más de los miles que se presentan a diario y que en su mayoría se diluyen en las redes sociales a donde acuden la mayoría de las pacientes, quienes víctimas de su frustración, esperan tal vez que por ese medio alguien pueda darles solución a un problema que pareciera no tener fin, y lo más grave enfrentarse a un sistema que ha demostrado cero empatía con los pacientes y además goza de mucho poder.
El sistema de salud en Colombia sufrió un revolcón a partir de la expedición de la ley 100/93 la cual ha sido objeto de múltiples críticas que van desde una estrategia de campaña política hasta los más juiciosos análisis de expertos en el tema, algunos por supuesto argumentando las falencias estructurales del sistema y otros tratando de vender la idea de que es lo mejor que nos ha podido pasar a nivel de salud.




