La ciudadanía colombiana no tiene ninguna duda de que a nuestro país sus dirigentes lo han administrado mal, tanto es así que sus buenos gobernantes, desde la colonización española, se pueden contar con los dedos de una mano y, seguramente, sobran dedos.
El pueblo colombiano está hastiado de vivir en malas condiciones, de sufrir penurias; en contraste, la gran mayoría de sus dirigentes han disfrutado gran vida con excesos de lujos, cuyos costos los sustraen continuamente del erario estatal. Lo más grave, es que tal usurpación se convirtió en costumbre, y erradicar tal tradición no es nada fácil.
Todo lo que hace la humanidad conlleva intereses. Todo el mundo sabe que en todas las colectividades y comunidades hay personas buenas y malas, lógicamente también están los indiferentes; en consecuencia, los intereses de las gentes abarcan un amplio espectro, desde los más nobles hasta los más perversos, pero en la consecución de ciertos intereses, tales como el económico, el político y el poder de cualquier índole (especialmente el poder gubernamental), intervienen los egos personales, por los cuales surgen las disputas para demostrar quién es superior. Ejemplo palmario de esto es la egregia canción ‘La gota fría’, que relata la piquería entre Emiliano Zuleta Baquero y Lorenzo Morales (‘Moralito’), ambos grandes juglares y pilares fundamentales para el logro del enaltecimiento de la música vallenata.




