Rodrigo López Barros
La personalidad psíquicamente equilibrada y moralmente madura no se disminuye por la renuncia a la violencia y al rencor. Sabe distinguir el perdón que es animado por el egoísmo y la injusticia del perdón personal y socialmente rehabilitante.
El cristiano responde con el perdón a la ofensa para bloquear un proceso maléfico y perverso y para iniciar uno benéfico y recto; esto, sólo raramente puede ser fruto de una decisión inmediata. Muchas veces, el perdón es la concretización de una actitud moral resultante de la formación de la propia conciencia de los valores morales. La formación del perdón implica una cierta conciencia y voluntad que interiorice principios y valores morales a menudo no fáciles de aceptar. Sin embargo, no todo lo que se desea es realmente posible.




