Tal como ocurre en la famosa fábula de Esopo, en la que un pastorcito mentiroso avisa falsamente la llegada del lobo -con la diferencia que aquí el lobo se anuncia así mismo-; es lo que acontece con el recién posesionado Donald Trump, cuando promete recuperar el Canal de Panamá, porque según él: “Está siendo controlado por China”. Es la mentira que Trump usará como pretexto para adueñarse del Canal de Panamá. Es el mismo “modus operandi” del señor George W. Bush, cuando se inventó que Iraq tenía en su poder armas nucleares, con la finalidad de invadirlo y adueñarse de su petróleo.
Es que el Presidente Trump parece que hubiera tomado posesión de un imperio y no de un país democrático, con instituciones republicanas, y con la separación de las tres ramas del poder público.
Trump quiere retrotraer el tiempo a las remotas épocas en las que EE. UU. anexaba territorios a placer, sin que nadie se atreviera a oponérsele. Habrá que recordarle a Trump, que no es él, el dueño del mundo, que Panamá tiene dolientes, y no se va a quedar de brazos cruzados ante sus amenazas, por el contrario, buscará la solidaridad de América del Sur y del gigante asiático, que estará feliz de tener nuevos aliados en este continente aparte de Venezuela. Será cuestión de supervivencia frente a un enemigo común, donde las ideologías políticas pasarán a un segundo plano, pues, ¿cómo se explica la solidaridad de Gabriel Boric de Chile con el presidente panameño José Raúl Mulino?




