Si contemplamos la naturaleza nuestra, fácilmente concluimos que el paraíso, el huerto de la vida, del que hablan los hagiógrafos y otros escritores filósofos de la vida y su origen, está en la tierra.
Pero no por lo que opine el uno u el otro a través de grandiosas teorías, para algunos axiomáticas. Nada más hay que presenciar las cataratas del Niágara o del Iguazú, las selvas amazónicas, las estepas de Sudáfrica, los extensos valles más allá de los cultivos, los grandes desiertos con sus sorprendentes fenómenos naturales, como la resistencia de los camellos, y tantos sorprendentes sitios con su flora y fauna de cada uno de nuestros continentes. No ponemos en duda de que el paraíso está en el planeta tierra.
Algunos lo han ubicado en la Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Eufrates, donde supuestamente nació la civilización, otros en el sureste africano, pero nadie habla de un sitio totalmente específico.




