Por. Julio C. Oñate Martínez
El más ejemplarizante caso de repatriación de un artista es hasta el presente el de Carlos Gardel, muerto y enterrado en Medellín en el año 1935 y tras un viaje en barco de un poco más de siete meses Medellín-Buenaventura-Nueva York-Montevideo-Buenos Aires, sus despojos mortales fueron trasladados hasta el cono sur y reposan en el cementerio de la Chacarita en la Capital Argentina. De esto se encargó la Asociación Argentina de Artistas de Radio y Varietés con el apoyo del gobierno.
Traigo esto a colación pensando que en el Parque Cultural del Vallenato, el ambicioso proyecto que tratará de cristalizar nuestro gobernador Luis Alberto Monsalvo, debe crearse un espacio para construir un mausoleo para los juglares vallenatos que le han dado brillo y prestigio a nuestro folclor. Esto permitiría entonces en primera instancia, reunir en el monumento funerario a los reyes vallenatos que colgaron la lira lejos de Valledupar y traer desde Planeta Rica (Córdoba) los restos de Alejandro Duran, de Montería los de Julio de la Ossa, y los de Elberto “El Debe” López sepultado en Sincelejo, la capital sucreña.




