Ahora que he regresado a mi adorada costa Caribe y que vuelvo a tener más cercanía con los festivales vallenatos, con los participantes y con sus organizadores, me entero que las malas mañas y los actos de corrupción en algunos festivales siguen ahí, inclusive ahora tal vez más fuertes y descarados.
Es inconcebible que algunos participantes se hayan convertido en mercaderes y vulgares sujetos activos de corrupción en festivales, ofreciendo el oro y el moro, con el argumento que ellos son quienes tienen la cercanía y el aval dado por los directivos para poner y quitar en los primeros lugares a unos y a otros participantes.
La otra modalidad que he detectado, consiste en que los participantes viven averiguando a quienes eligen presidente de cada festival para así iniciar el acoso, llamando, enviando mensajes, enviando canciones y demás, con el único propósito de ir poniendo el anzuelo y su respectiva carnada en busca de obtener un beneficio para ellos o para sus patrocinados.




