En el libro del Apóstol Mateo 26,69-75, encontramos que Pedro niega a su maestro en tres oportunidades, y lo hace por miedo a que lo relacionaran con Jesús. Este pasaje bíblico revela el comportamiento humano, que opta por negar la realidad. Esto es, Pedro debió admitir que era un discípulo de Jesús, pero no lo hizo, con el fin de evadir una realidad incómoda: el arresto y posterior juzgamiento.
Ahora bien, en el mundo de la política, y sobre todo en las vertientes ultraderechistas, este comportamiento ya es tendencia, y lo ha sido a nivel global. Veamos. Son muchos los que niegan, por ejemplo, el Holocausto nazi, manifestando que se trata de un mito inventado por los comunistas soviéticos y los judíos. En el Reino Unido, la primera ministra Margaret Thatcher se atrevió a negar la crisis generada por el creciente desempleo durante los años 80, muy a pesar de que las cifras oficiales mostraban la cruda realidad. En Colombia, el expresidente Álvaro Uribe Vélez negó sistemáticamente la existencia del conflicto armado durante su gobierno, como parte de su estrategia de seguridad. Su senadora M. F. Cabal, del Centro Democrático, afirmó que la masacre en las bananeras acaecida en Ciénaga (Magdalena) en 1928 nunca ocurrió, que se trató de “un mito histórico” (¡!). El expresidente Juan Manuel Santos, en su momento, también dijo: “El tal paro camionero no existe”, refiriéndose al paro de los transportadores ocurrido en 2013, lo que generó una avalancha de críticas. Su homólogo Donald Trump, presidente de los EE. UU., tuiteó diciendo: “El calentamiento global es un engaño total y muy costoso”. Cuatro años más tarde sostuvo que el calentamiento global era una invención de China para afectar la industria de los Estados Unidos (¡!).
Con los anteriores ejemplos, queda claro que el negacionismo es una tendencia dentro de la ultraderecha, y la negación de la realidad: su arma estratégica predilecta. El ciudadano de a pie debe estar alerta frente a este fenómeno, pues no debe creer en todo lo que escucha, ya que no todo es cierto. Además, sabemos que su arma política predilecta se fundamenta en la doctrina del publicista nazi Joseph Goebbels: “Una mentira mil veces dicha se convierte en una gran verdad”.




