La semana anterior tuve el gusto de representar a Colombia en las reuniones anuales ante la OIC, la SCTA y la SCA. Se evidencia un cambio en la conversación mundial sobre el café, la cual estuvo concentrada en ¿quién va a producir el café que el mundo necesita consumir en los próximos años?
Y la pregunta no es retórica. Estamos entrando en una nueva etapa de la economía mundial del café. Un mercado que durante años concentró buena parte de su energía en estimular la demanda comienza a enfrentarse a una realidad distinta: el gran desafío de las próximas décadas será asegurar la oferta.
Producir café será cada vez más exigente. El cambio climático está alterando lluvias, temperaturas y ciclos productivos en los principales orígenes. A ello se suman mayores costos, dificultades de mano de obra, exigencias regulatorias y la necesidad permanente de invertir en renovación, ciencia y adaptación. La volatilidad ya no es una anomalía pasajera, sino una condición con la que tendremos que aprender a convivir.





