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El milagro más grande de Dios

La Organización de las Naciones Unidas escogió el 8 de marzo, como el día consagrado a la mujer, con quien, dicho sea de paso, tenemos una deuda histórica.

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El sábado pasado se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, en memoria de las 129 valientes mujeres que perecieron en el voraz incendio ocurrido en la fábrica Cotton de la ciudad de New York en el año 1857, cuando se declararon en huelga ante las injustas condiciones laborales a las que eran sometidas.


La Organización de las Naciones Unidas escogió el 8 de marzo, como el día consagrado a la mujer, con quien, dicho sea de paso, tenemos una deuda histórica, pues a lo largo de la historia y aún en la actualidad, es objeto de discriminación, de maltratos sociales, de feminicidios, comportamientos que devienen de una cultura patriarcal, que no tiene cabida en el mundo civilizado de hoy.


Desde el punto de vista normativo es mucho lo que se ha hecho, pero desde el punto de vista de la realidad cotidiana, falta mucho por hacer, pues no hemos sido capaces de brindar las garantías mínimas de existencia a la mujer, ni siquiera cuando se encuentra en su propio hogar, hecho que se pone de manifiesto cuando consultamos las cifras de los feminicidios, accesos carnales, violencia doméstica y demás vejámenes a los que a diario se ve sometida la mujer.

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