Siempre he considerado que las mayores riquezas que Dios le concedió al ser humano fueron la vida y la libertad y por lo tanto debemos cuidarlas y defenderlas a toda costa y por encima de toda consideración material o determinaciones políticas, legales y sociales a lo largo de la existencia humana.
Jean Paul Sartre consideraba que “el hombre nace libre, responsable y sin excusas”, pero los esclavistas no pensaban de la misma manera ya que utilizaron al ser humano como objeto de transacción y toda clase de vejámenes: la utilización de personas como propiedad personal y someterlas a trabajo forzado y privación de su libertad.
En épocas de dictaduras, la libertad era una ilusión, un anhelo, una ambición del ser humano para poder expresar su pensamiento, sentimiento, ideología política o preferencias religiosas, libertad de conciencia, deambular y opinar sin el menor riesgo a ser reprimido. Muchas guerras se han librado en el mundo entero a nombre de la libertad, esa facultad que tiene el ser humano para poder actuar según lo dicte su conciencia sin estar obligados a nada ni a nadie dentro de un Estado social libre, soberano, democrático y de responsabilidades humanas.




