José M. Aponte Martínez
Las costumbres van cambiando, ahora dicen, no me consta porque ya no estoy para esos brincoleos, que las mujeres son las que se les insinúan y acosan a los hombres, quizás fastidiándolos y por eso, puede ser, no lo aseguro, el gran número de hogares fracasados, pues con noviazgos cortos, a veces de días y pocos de meses, los párvulos no alcanzan a conocerse y cuando por primera vez las mujeres ven a su compañero con una piedra afuera diciendo vulgaridades y vociferando contra todo mundo o ellos ven a su compañera haciendo lo mismo, se aterran y eso es pa ya: nos separamos, sin tener que ver que unos meses antes se juraban amor eterno en contra de todas las adversidades y que también sus padres ayer no más se gastaron cientos de millones en una suntuosa y babilónica boda. Ese es el pan de cada día, ya estoy mamada dice ella o vaya al carajo dice él.
También han cambiado y bastante las costumbres políticas, pues han desaparecido las ideologías y con ello el sistema partidista; los partidos están tan debilitados que ni siquiera haciéndoles transfusiones a chorro se reaniman y es fácil encontrar a un ateo diciendo que es conservador o un ferviente creyente respetuoso de Dios apegado a estrictas normas pregonando su liberalismo, ni para que hablar de los nuevos partidos que no son ni fu ni fa, ni chicha ni limoná, sino conejos que saltan de cualquier matojo.




