Es de todos conocidos que el presidente Gustavo Petro y Daniel Mendoza Leal, “El Matarife”, tienen una relación de años atrás; son amigos, compinches de fiestas. Además, los une la rabia por el expresidente Álvaro Uribe. Sin embargo, lo que jamás nadie llegó a imaginarse es que Petro lo ubicaría en un cargo diplomático, como la embajada en Tailandia, que, si bien no es de gran importancia, sí requiere una carrera diplomática y, más aún, unas calidades morales que el señor Mendoza no tiene, por todos sus antecedentes de persona con serios problemas de comportamiento.
Mendoza es el creador y director de la serie “El Matarife”, en la cual comete muchas inexactitudes que lo obligaron a rectificar después de sufrir una denuncia por injuria y calumnia. Sin embargo, lo más grave de todo este escándalo, que estremeció al país y que le demostró a Mendoza cuánto lo quieren en Colombia, es su vida personal, llena de expresiones de carácter sexual desobligantes, irrespetuosas y sucias contra las mujeres y los niños.
Los trinos que le dieron la vuelta a las redes demuestran el talante bajo de una persona que, para salvarse, se escudó en una supuesta novela, olvidando que cuando se hacen trinos, sin citarlos, se convierten en afirmaciones.




