¡Dios, Dios mío eres tú! ¡De madrugada te buscaré! Salmos 63,1. Con el texto del epígrafe, me propongo motivarte, por lo menos, en tres aspectos: Debemos buscar a Dios temprano, cuando aún somos jóvenes y tenemos fuerzas. Debemos buscarlo cuando los problemas recién aparecen en la superficie, no después de haber agotado todas las otras opciones. Es preferible buscarlo en las mañanas, porque el mañanero es mejor.
Para la mayoría, la mañana representa lo mejor de nosotros. Es el tiempo cuando nuestra mente está más despejada y atenta. También, puede ser el momento más valioso, en el sentido de que muchas demandas quieren atrapar nuestra atención en la mañana. El sol de las actividades y preocupaciones del día calientan nuestro ser y nos concentramos en tratar de solucionar o planear lo mejor posible el día.
Algunas personas son noctámbulas, no pueden madrugar y la noche es su mejor momento. ¡Buenísimo! Si la noche es su mejor momento, ¡Dele a Dios lo mejor! No creo que la vida íntima con Dios sea idéntica para todos. Cada persona es única y al Señor le encanta esa fragancia particular que emana de la individualidad. Así que, debemos darle a Dios esa parte del día que mejor funcione con nuestra personalidad y ocupación.




