“Si la pintura es el arte de dar alegría con formas y colores. La literatura es también una forma de la alegría. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado. La lectura es una forma de felicidad”. Tomo estas reflexiones de Jorge Luis Borges para iniciar mis comentarios del libro de Iván Ochoa Campo, ‘Hermandad de Jesús de Nazareno en Valledupar’. Editado en Valledupar, la carátula es de Deivis Mozar Safady y la diagramación de Karina Pestana.
Iván Ochoa Campo, comunicador social de Valledupar, egresado de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, y especialista en Construcción de Paz y Territorio de la Universidad Popular del Cesar. Desde 1995 inició sus labores periodísticas en varios medios locales y nacionales. En la actualidad es jefe de la Oficina de Relaciones Públicas e Internacionales de la Universidad Popular del Cesar.
La obra es un relato de la tradición de la Hermandad de los Nazarenos en Valledupar, apoyada en narraciones de familias primigenias como los Ochoa, Galindo, Camarillo, Araméndiz, Calderón, Guerra, González, entre otras, que han mantenido viva la Hermandad de Jesús. Además, destaca la presencia de la mujer en La hermandad, a pesar de la oposición de muchos hermanos mayores, fueron aceptadas como hermanas con los mismos derechos y deberes. Entre ellas, Rosa Gil de 105 años (este año la vimos en la Iglesia), María Araújo, Agustina Morales, Miriam Pavajeau, Gilma Camarillo y Rita Arias. Los sacerdotes y obispos son el alma viva de las fiestas religiosas, por eso resalta que con la llegada del primer obispo de Valledupar, Monseñor Vicente Roig y Villalba (1967) se organizó la congregación y adquiere vida jurídica como comunidad religiosa.




