En esta reflexión asumo una actitud crítica y renovada sobre los acontecimientos que suceden en el país; hechos referentes al libertinaje, que va en aumento, produce caos en la sociedad y demás expresiones que rayan con el civismo, situación esta que nos obliga a enfocar nuestra conciencia sobre la responsabilidad que tenemos como adultos, padres y ciudadanos de bien en formar y orientar a los niños hacia una senda de respeto y consagración de valores, no vulnerando los derechos de los demás.
Se llega al libertinaje y quien lo ejerce no entiende el daño que causa esta práctica; quien se mantiene en el libertinaje permanecerá y deseará que subsista el desorden, allí no tendrá control, le servirá de caldo de cultivo, pues no atiende ni entiende y hará lo que se le dé la gana.
Los libertinos se hacen o demuestran ser fuertes ejerciendo tal actitud en su entorno. Debemos crear un norte definido, que sirva de apertura a procesos de formación y capacitación en aras de fortalecer la cultura, la decencia y las sanas costumbres.




