En los tiempos remotos, también en los antiguos, modernos y contemporáneos, el hombre ha sido el mismo, en cuanto no ha cambiado su naturaleza existencial. No podría hacerlo, pues no depende de él.
Se ha ocupado materialmente de sí, y, quizá, especialmente, de su realidad mortal. La filosofía existencialista está colmada de tales preocupaciones y, desde luego, la religión.
Eso ha hecho que a la base de su vida, la religión y la filosofía hayan sido asuntos prioritarios dentro del ámbito de sus inquietudes. No ha habido conglomerado humano que no se haya preguntado por el sentido de la vida y de la muerte, y uno que otro filósofo que no la haya convertido en máxima preocupación, como es el caso de Martin Heidegger. La parca nos preocupa a todos.




