Por Leonardo José Maya
Ojalá tu orgullo no sea tan fuerte como para alejarte de mí, ni mi amor tan débil como para permitir que te alejes.
En tiempos pretéritos, en Anatolia, la antigua, justamente frente al mar de Mármara, un amante espera en el puerto. Ha bañado su cuerpo en finas esencias y perfumes y ungido sus cabellos en aceite de almendras, allí la espera con perfumadas flores de lirio en las manos, el corazón agitado y mirando a lo lejos, ataviado con su túnica púrpura, su más preciada vestidura.




