A pesar de la afinidad etimológica el vocablo invencible no está necesariamente atado a lo invicto. El invicto se lleva en la mente cuando esta es alimentada por el raciocinio y la fe se lleve en el bolsillo, aunque poco usemos camisa y se hayan sufrido muchas derrotas.
En el fondo de las necesidades me he dado cuenta que hay hombres invencibles, caen, se paran, vuelven a caer y se vuelven a parar, pues su formación al lado de Dios les permite soportar y en la capacidad de soporte está la victoria.
Para lograr ser invencible hay que pasar, así es, por muchas derrotas y así se consigue la madurez en los actos que es lo que lleva al triunfo.




