En el año 1993, del mes no me acuerdo, debió ser entre mayo y julio; asistí a un concierto de Rubén Blades, motivado por ese mensaje latino en contra de las dictaduras y encierros, de las almas morenas que claman libertad, de un continente de mártires que gritaban ¡bandera, bandera bandera bandera!. Me acuerdo que era un sábado caluroso.
Fui en compañía de una amiga dominicana que tenía los ojos como de gata en celo, y parecía caminar sobre rodachines, como si el mundo lo hubiese recibido por herencia, quería llevárselo con un pecho muy bien puesto.
Los teloneros ya habían hecho su presentación. Recuerdo que debido a la aglomeración era imposible ir al baño, así que tocaba orinarse en los pantalones.




