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‘El eterno enamorado’: el hombre que convirtió su pena en melodía

Hay una hermosa transformación del sufrimiento en creación: ‘Con el transcurrir del tiempo / haré melodías y nuevos versos / buscando con ellos disipar esta pena.’

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En “El eterno enamorado”, Edilberto Daza Gutiérrez, convierte un amor no correspondido en algo que va más allá de una simple queja sentimental: lo transforma en experiencia sobre la libertad, el destino, el sufrimiento, la angustia y la dignidad. El compositor no canta únicamente porque una mujer no lo ama; canta porque, frente a esa ausencia, necesita encontrar una forma de existencia, pues su dolor se vuelve palabra, y la palabra, canción. Es como una pequeña filosofía cantada sobre la condición humana.

En el existencialista, lo primero que aparece es la conciencia de estar solo frente a una experiencia que nadie puede vivir en nuestro lugar. El hombre enamorado sabe que su sufrimiento es suyo y que nadie puede sustituirlo en él. Cuando dice: *“Si lloro es porque me haces llorar, *está reconociendo que su vida ha quedado afectada por un vínculo que escapa a su voluntad.

Hay aquí una paradoja profundamente existencial: podemos elegir nuestros actos, pero no podemos elegir que otra persona nos ame. La libertad encuentra entonces su límite en la libertad del otro. La mujer permanece libre. Y él, frente a esa libertad, tiene que decidir qué hacer con su propia vida.

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