Por: Jose Gregorio
Estoy canso de decir que este sector del planeta tiene más historias que contar, que canciones que cantar. Las canciones han sido plasmadas en formatos diversos, mientras que las historias cada día que pasa zozobran, mueren inéditas en la mente del difunto que las sabía. No es ni mucho menos que un mundo multicolor y divertido, que fácilmente engrana en cualquier cultura y en cualquier idioma sin esfuerzo alguno de entendimiento; dentro de otro mundo a blanco y negro menos divertido que a diario les toca mal vivir al resto de habitantes del planeta que son miles de millones mal contados.
Los que quedan vivos con sus historias en sus mentes desgastadas por las horas de uso no tienen el afán de contarlas porque mal suponen ellos que a nadie le interesa, pues hasta obvio termina siendo, ya que nadie se las pregunta. Por estos días me contaba un amigo, que en Patillal existió un Quijote con su Dulcinea y su Rocinante, con sus amores imaginativos que lo llevaron a ser en algún momento la cuna humana de la felicidad; no encontró en la región mujer alguna para casarse, y cuando le atardecían los años, decidió entonces enamorarse de todas a la vez, y todas ellas fueron suyas en su idílico mundo.




