Por. Marlon Javier Domínguez
Hoy comienza la Semana Santa. Para muchos simplemente un tiempo de merecido descanso de las actividades laborales y académicas, para los cristianos católicos tiempo de recogimiento, meditación y contemplación del Misterio central de la historia humana: La Pascua del Señor. En efecto, mientras muchos dedicarán los días de esta semana a broncear sus cuerpos y a disfrutar de las bondades del agua del mar y de la arena, a compartir con los amigos una que otra medida de licor, a leer un buen libro o simplemente a ‘hacer nada’, muchos otros elevarán, en el interior de los templos, fervientes oraciones a su Dios, participarán con piedad de las liturgias y procesiones, dirigirán sus ojos hacia la cruz y meditarán sobre el amor incondicional del Cristo. Es cierto que un grupo aún más numeroso que los dos ya mencionados se dedicará a ambas cosas, y no hay nada de malo en ello. Yo creo contarme dentro de este último grupo.




