El diagnóstico final post mortem de muchos de los negocios que han muerto, tras perder en la fatídica lucha del abrir y cerrar de puertas en la ciudad de Valledupar, es una ya muy famosa y lamentable negación: la inseguridad.
Los atracadores no solo están asesinando a personas por robarles algún objeto de valor sino que están matando a los negocios, el sector de los bares y restaurantes de la ciudad está en crisis, a algunos le ha tocado una larga batalla y a otros les ha tocado nacer muertos por la mala hora, la inseguridad, que les tocó; es grande el porcentaje de clientes que ha cambiado sus hábitos por simple supervivencia, “evolucionas o te extingues”, teoría evolucionista a la que el ser humano ha sabido sacarle provecho, ¿o es que tres décadas atrás alguien podría imaginar ver a un vallenato que no le gustara estar en una terraza disfrutando el frescor de la brisa entrelazada en la sombra de un palo de mango? No, pero en la actualidad nos encontramos con los que ni a comer a un centro comercial quieren ir, con los que ni siquiera conocen al vecino por el mutuo temor de los atracos, estas y muchas más evoluciones se pueden ver en la época de la intranquilidad que nos está tocando vivir.
La autopsia nos arroja un dato puntual y aclaratorio, el sector en general está afectado, esto no es cuestión de estratos, porque los actos delincuenciales van desde el restaurante o bar más encopetado de la ciudad hasta el más modesto. El temor a ser atracado no ha crecido por mera percepción, los videos de las cámaras de seguridad que registran estos actos delictivos corren como pólvora en la redes sociales y crean un manto de zozobra que llama a la autoprotección, no es fácil sentarse donde se ha visto hurtar, agredir, ultrajar… a otra persona.




