¿Será que el Creador ya sabía desde el principio de los tiempos todo el desorden que iba a presentarse bajo el cielo y todo lo que iba a pasar en el mundo? Todos los creyentes lo dan por hecho, al fin y al cabo, es el omnisciente, el omnipotente, el Todopoderoso. Sin embargo, tal como lo anoté en mi columna pasada, ¿será que le tocará de nuevo venir a salvar a la humanidad, aunque ya una vez tuvo que venir y sacrificarse por ella?
Creo que no, mis queridos lectores, tal como afirman los creyentes, la Salvación de la raza humana vendrá por el Fuego, y vaya Fuego el que estamos observando, hasta entre amigos hay fuego. Creo que no es necesario que retorne a la Tierra para darnos cuenta de que muchos están soportando sin morir el mismísimo infierno. Y entonces, muchos podrán reflexionar sobre lo valiosa que es la vida, aunque hay muchos que pensarán que más valiosa es la muerte en estos días difíciles (bastante difíciles) que atraviesa la humanidad, pues podrán aludir que la vida solo es un delirio febril de alegrías amargadas por la tristeza y placeres envenenados por el dolor y que más que un sueño, como solía decir Calderón de la Barca, es un turbulento ensueño de gozos espasmódicos y fugaces, éxtasis triunfales y exultaciones felices entremezcladas con interminables desdichas, padecimientos, amenazas, horrores, desengaños, fracasos, afrentas y angustias, es decir, la mayor maldición imaginable por el ingenio no del Creador, diría yo, sino del hombre.
Somos nosotros los que podemos darles sentido a nuestras vidas, somos nosotros los únicos responsables de avanzar y guiar a muchos más hacia un camino que conduzca a la paz, abandonando el odio y el rencor, somos capaces cuando nos lo proponemos, de eso estoy absolutamente seguro, mis queridos lectores. Pero ¿Qué tanto estamos dispuestos a sacrificar por ello? A veces ni siquiera pensamos en ello y solamente queremos que todo cambie abandonándonos en el reposo y en el olvido de lo que sucede a nuestro alrededor. Si somos réplicas del Creador, entonces ¿Por qué no aprovechar esa chispa divina con la que hemos sido ungidos y tratamos de evitar el dolor a nuestros semejantes?
