En el ejercicio de mi profesión como asesor y consultor en banca de fomento agropecuario, me toca ver muchos sueños y proyectos productivos truncados en varias zonas rurales del país por el ineficiente manejo de quienes operan el politizado sistema de financiamiento agrícola.
Para ponerlos en contexto, en Colombia, existe desde 1990, un Sistema de Crédito Agropecuario, al que le crearon un banco de segundo piso llamado Finagro, con el fin de fondear recursos de crédito barato a pequeños y medianos productores del campo a través de la banca. Adicionalmente, se creó un Fondo Agropecuario de Garantías (FAG), para respaldarles hasta en un 80% el valor de sus créditos. Posteriormente, se gestó un sistema de seguro agrario para garantizarles sus rentas ante cualquier riesgo climático.
El Estado, les subsidia hasta el 70% del costo de la póliza a través de Finagro.




